Ideas compartidas en el taller de teatro social 10D-18D


Solidaridad ≠ Altruismo

La solidaridad entre las personas no es altruismo de uno con los demás. No es dar gratuitamente algo que me pertenece sin esperar nada a cambio. Altruismo genera una diferenciación entre mi persona, el Yo, de aquellos a quienes beneficio con mi gesto altruista, los Otros, sin implicar ninguna necesaria relación entre el yo y los otros.

En cambio el término solidaridad viene del latín in solidum, que quiere decir el todo. Esta palabra nos dice que somos parte de un todo, y por tanto la colaboración con otras partes del todo no es colaborar con ningún otro sino hacerlo conmigo mismo. Si no contribuyo a evitar las dificultades que alguna parte del todo esté padeciendo, entonces el todo se debilitará, y por tanto estaré dejando que mi Yo también se debilite.

El sentido comunitario ha tenido asumido este valor, el de la solidaridad, desde los inicios de la especie humana, si bien dicha especie frecuenta a olvidarlo, haciendo prevalecer por error la asunción de mayores bienes en detrimento de las posibilidades de desarrollo o incluso de supervivencia de las demás personas, seres vivos o de la naturaleza en general.

Comunidad global

Entendamos como comunidad un grupo de personas que por determinadas circunstancias se interrelacionan en un espacio y un tiempo, compartiendo por ello intereses, deseos, preocupaciones, dificultades,… Dentro de una comunidad se tendrán diferentes opiniones, diferentes formas de abordar los problemas, diferentes valores y diferentes formas de entender lo comunitario.

Hoy en día el concepto de comunidad se ha extendido mucho más allá de lo local. Las interrelaciones humanas abarcan todo el globo. Consumimos lo que se produce en los cinco continentes, y los acontecimientos que puedan suceder en un lugar remoto con frecuencia me afectan directa o indirectamente. Si la comunidad hoy en día es global entonces la solidaridad debe ser global.

Si ignoramos el drama del genocidio de Sudán, la opresión que se sufre en Palestina o los millones de desplazados causados por el conflicto en Colombia, estaremos dejando que la comunidad global se debilite, y por tanto mi Yo también se estará debilitando.

Yo soy una parte del todo

Soy parte de una historia, de la escrita y de la que realmente sucedió, ya coincidan o no una con la otra. Soy resultado de una mezcla de culturas y de pueblos que a lo largo de los tiempos recorrieron las tierras de este mundo. Soy resultado de mis vivencias y de las vivencias de quienes me rodean, de mis sueños y de sus sueños, de mis ambiciones y de las demás, de lo que me dicen que haga y de lo que decido de hacer. Soy resultado de los alimentos que como, y de cómo son cultivados esos alimentos. Soy el agua que corre por el río, que se recoge y se canaliza hasta llegar a mí. Soy el aire que respiro, el viento que me acaricia, me empuja, me arrastra, y también la polución que me contamina. Soy parte de los objetos materiales de los que me apropio, al igual que estos objetos se apropian de mí, y me poseen. Soy energía que se transforma. Soy el alimento de la tierra que dará lugar a nuevos frutos y éstos a su vez alimentarán a futuras formas de vida. Yo soy también esas futuras vidas al igual que soy las pasadas.

No asumir que soy mucho más que un individuo es condenarme a vivir de espaladas a mi naturaleza. Vivir tan solo como individuo me distancia de mí ser, me amarga, me corroe, me frustra, porque no funciona, porque no es así, porque me estaré negando. Seré entonces, ignorando quién soy, una parte del todo a la deriva.

Yo soy actor

Soy actor porque actúo constantemente. No hacer nada ya es una forma de actuar. Dejar que las cosas sean como se nos presentan, dejándonos llevar por lo que nos dicen, no implica que seamos indiferentes. Estamos actuando siempre. También en los conflictos entre las partes del todo, en los que algunas, olvidando qué son en realidad, actúan oprimiendo a otras partes del todo con la idea equivocada de beneficiarse de ello. De esos conflictos yo también soy parte, puesto que, como Paulo Freire dijo, “en el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral, sino ponerse del lado del poderoso”.

Teatro como herramienta de transformación social

Todos somos actores. Y todos transformamos nuestra realidad. Ésta no nos viene dada, no es inmóvil. Nuestra realidad está en constante cambio, y nuestra acción pasiva o activa determina el devenir de la misma.

Desde el teatro social ponemos en común inquietudes, preocupaciones, deseos y sueños. Compartimos lo que somos y nos identificamos como iguales y como parte de un proyecto común. En el teatro actuamos. Escenificamos situaciones humanas, las reflexionamos, las mostramos y buscamos un cambio en la sociedad que nos reconcilie con nuestra naturaleza, como parte del todo que somos.

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